Mijaíl Tal: El mago de Riga

(Mijaíl o Mikhail Tal o Tahl; Riga, 1936 – Moscú, 1992) nacido en Riga, Letonia de padres judíos, fue el octavo campeón del mundo de ajedrez. Ajedrecista soviético, campeón mundial de ajedrez de 1960 a 1961, considerado como uno de los más brillantes e intuitivos ajedrecistas de la historia. Su estilo, basado en la profundidad de sus cálculos y la belleza e intrepidez de sus ataques, lo situó entre a los más admirados de todos los tiempos.

Su padre fue el encargado de enseñarle a jugar al ajedrez cuando Misha había cumplido los 10 años. En su primera partida se enfrentó a su primo… y perdió de forma rápida, tal y como le ha ocurrido a otros muchos principiantes: 1.e4 e5 2.Ac4 Ac5 3.Dh5 Ca6 4.Dxf7++. A pesar de la derrota, el virus del ajedrez se extendió por todo su cuerpo y se convirtió en la gran pasión de su vida. Mikhail fue un niño prodigio, algo que confirmó en cuanto comenzó a acudir a la escuela, destacando sobre todo en matemáticas.

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Su infancia

El pequeño Misha empezó a sorprender a sus padres a los 3 años de edad, cuando ya leía y recordaba páginas enteras de memoria. Alguien capaz de hacer algo así no iba a ser una persona común, algo que se confirmó cuando el niño comenzó su andadura escolar, ya que sólo duró 3 días en el primer curso al ser inmediatamente pasado al tercer curso a la vista de su potencial.

Con sólo 7 años leía todo lo que caía en sus manos, hasta el punto de empezar a preocupar a su padre al comprobar como Misha había ‘devorado’ casi toda su biblioteca particular. En un intento de desviar a su hijo de su desmesurada afición por la lectura, que en su opinión podía ser perjudicial para una mente que aún estaba formándose, el Sr. Tahl decidió enseñar a su hijo a jugar al ajedrez… sin saberlo, había despertado en su hijo una afición todavía mayor que la lectura, en la que pudo dar rienda suelta a todo el talento y la creatividad que llevaba dentro.

Por aquel entonces también practicaba con fervor el fútbol, en la posición de portero… dicen los que le pudieron ver que no lo hacía nada mal. Su otra gran pasión, esta vez alejada del deporte, era la música clásica, afición heredada de su madre. En el colegio destacaba por encima del resto, sobre todo en las matemáticas, aunque su profesor solía desesperarse porque Mikhail no usaba su cuaderno y resolvía todos las ecuaciones y problemas complicados directamente en su mente (¡¡a la ciega!!).

Al poco de adentrarse en el ajedrez se dirigió al Palacio de Pioneros de Riga para pedir su admisión, la cual le fue concedida con rapidez debido a su excelente nivel académico. Tahl se pasaba los días enteros en el club y por las noches devoraba sin parar todos los libros de ajedrez que llegaban a sus manos, en ocasiones hasta bien entrada la madrugada. Analizaba partidas a la ciega y a veces pasaba noches enteras sin dormir dedicado a esa tarea. Como es lógico, sus padres comenzaron a preocuparse al ver como su hijo se dedicaba al ajedrez de una forma casi enfermiza, por lo que decidieron pedir consejo al jugador letón Alexander Koblenz. Koblenz observó a Tahl y comentó a la familia que estaba seguro de que Misha se convertiría en maestro, ya que tenía un talento especial. Fue entonces cuando Koblenz empezó a entrenar a Tahl, algo que haría durante toda su carrera, mostrando ser un pedagogo excelente y convirtiéndose en su persona de confianza. Con el paso de los años la figura de Koblenz se hizo cada vez más importante para Tahl, siendo el apoyo que necesitaba en todo momento.

Alexander Koblenz, entrenador, apoyo y gran amigo de Tahl

Alexander Koblenz, entrenador, apoyo y gran amigo de Tahl

Su progreso en el ajedrez se puede equiparar a sus meteóricos logros académicos. Con 13 años ya consiguió vencer a un gran maestro: Ratmir Jolmov, lo hizo durante unas simultaneas dadas por su rival en Riga:

Tahl ya demostraba una gran capacidad de cálculo a pesar de su corta edad, resulta poco común desarrollar tan pronto un ‘instinto asesino’ para el ajedrez y todavía menos común conservarlo hasta el fin de su carrera. Ese mismo año volvió a jugar otra gran partida de ataque, que fue la primera de su autoría en ser publicada en una revista especializada:

El primer premio que recibió en su carrera no fue por ganar un torneo, sino por una de sus partidas: obtuvo el premio de belleza a la partida más espectacular en el Torneo de la tres Repúblicas Bálticas de 1948; el premio consistió en una enorme y lujosa edición del libro “Pedro I”, de Lev Tolstoi. Talento a raudales y una filosofía de juego que mantendría durante toda su vida: Ataque, siempre ataque.

La capacidad de Tahl no conocía límites, algo que demostró al comenzar sus estudios universitarios con sólo 16 años, tras recibir un permiso especial del Ministerio de educación debido a su juventud (ya lo habían intentado cuando tenía 15, pero la ley no contemplaba esta posibilidad hasta los 16). Cursó estudios de Literatura, decantándose por una de sus grandes pasiones, y lo hizo en un tiempo record. Realmente podría haber estudiado lo que hubiese deseado, su mente era genial y no tengo duda de que hubiese destacado en la profesión que hubiese elegido… por fortuna para el aficionado al ajedrez, Tahl se vio irremediablemente atraído por el deporte mental.

Su ascensión

Una vez conocidos los primeros escarceos de Tahl dentro del ajedrez, podemos calificar su ascensión dentro de este deporte como meteórica. Con 17 años se proclamó campeón  de Letonia y ese mismo año obtuvo el título de Maestro de la URSS tras vencer en un match a Vladimir Saigin (campeón de Bielorrusia). Pero estos primeros pasos no son más que un simple gateo en comparación con lo que consiguió en 1957: logró vencer en el campeonato absoluto de la URSS, el título más codiciado por los jugadores de la antigua unión de repúblicas, sólo superado en prestigio por el campeonato del mundo. Como es lógico, Tahl no entraba dentro de las quinielas iniciales debido a su juventud, pero logró comandar el torneo desde su inicio y terminó logrando el triunfo en un final de infarto. A la última ronda se llegó con Tahl, Tolush y Bronstein empatados en cabeza, y el azar quiso que los dos primeros se enfrentasen. La partida fue espectacular, una muestra del talento y la magia de Tahl que logró imponerse en una batalla sensacional y consiguió, de ese modo, alzarse con el campeonato en solitario tras las tablas de Bronstein con Kholmov:

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Sólo un año después logró su primer triunfo en un torneo internacional y no pudo ser más sonado, ya que finalizó primero en el Interzonal de Portoroz (por delante de Petrosian, Fischer, Larsen, Gligoric…). Todo estaba ocurriendo muy deprisa, Tahl no sólo deslumbraba por su juego y juventud, los resultados también le estaban acompañando y su reputación crecía de forma trepidante… y el ascenso pareció no conocer límites cuando venció de forma contundente en el Torneo de candidatos de 1959, pasando por encima de rivales como Fischer, Smyslov, Keres o Petrosian. Su actuación fue más que convincente, ya que jugó varias partidas realmente espectaculares, como sus victorias ante Smyslov. Podéis ver la tabla de resultados en el siguiente enlace (Belgrado 1959). Tahl se había ganado el derecho a encarar el siguiente escalón, en este caso un auténtico muro: el trono del gran patriarca soviético, Mikhail Botvinnik.

La corona

Llegó la primavera de 1960 y la belleza inundó la naturaleza… y decidió seguir su expansión hasta llegar a un tablero de ajedrez: el destinado a la batalla por la corona mundial. La expectación que se generó alrededor del encuentro fue enorme, en el aire se apreciaba el aroma de las grandes ocasiones y a nadie escapaba la percepción de estar ante el posible nacimiento de una nueva leyenda del ajedrez. Tahl contaba con su talento y con una sólida preparación pre-match; junto a sus entrenadores había estudiado concienzudamente la apertura favorita de Botvinnik, lo que sorprendió al campeón y se tradujo en una ventaja de 3 puntos tras la 7ª partida. Pero Botvinnik volvió a mostrar su lado más combativo y consiguió, gracias a su tenacidad, equilibrar el marcador tras pelear por cada milímetro de tablero. Curiosamente, la tendencia del match volvió a cambiar en ese momento y esta vez lo hizo de forma definitiva. Tahl consiguió imponerse en varias partidas donde se dieron posiciones complicadas, mostrándose muy superior cuando los recursos tácticos hicieron acto de presencia en el tablero. Otro factor inesperado ayudó a decantar la lucha: los apuros de tiempo de Botvinnik, que cayó varias veces en zeitnot al verse totalmente superado por la velocidad de juego de su rival. Al final Tahl obtuvo el triunfo de forma holgada y se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia, récord batido por Kasparov décadas después. En esta ocasión la belleza se impuso al pragmatismo, en una lucha que lleva librándose durante siglos y que seguirá estando presente en enfrentamientos venideros en el mundo del ajedrez.

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Algunos periodistas mostraron una inquietante opinión respecto a la enfermedad de Tahl, la cual ha salido a la luz con el paso de los años tras la caída de la URSS: se especuló con un posible envenenamiento por parte del servicio secreto soviético con la intención de debilitar a Tahl y que Botvinnik, gran protegido del Politburó, recuperase su corona de campeón del mundo. Tahl nunca se pronunció al respecto, por lo que esas acusaciones son imposibles de probar.

Tras coronar la escarpada cima del ajedrez, en la que apenas permaneció un año, Tahl realizó un rápido descenso y nunca volvió a disputar un match por la corona mundial. En alguna ocasión estuvo a punto de confirmar su regreso, aunque la fatalidad siempre se cruzó en su camino y no pudo refrendar su espectacular juego con los resultados apropiados. Su primer intento tuvo lugar en el Torneo de Candidatos de Curaçao, en 1962, Tahl llegó en gran forma y era considerado el principal favorito. Pero su salud le jugó una mala pasada y volvió a sufrir fuertes ataques renales en plena competición, lo que le impidió rendir con normalidad (cuando se llegaba a las 4 horas de juego, se venía abajo físicamente y cometía graves errores). Su salud empeoró de tal modo que no pudo disputar la 4ª y última vuelta del torneo, tras ser convencido por sus rivales que veían como empeoraba ante sus propios ojos.

Su salud y el declive de su carrera

Con el paso de los años su salud nunca llegó a mejorar y los problemas persistieron durante toda su carrera, algo que sin duda influyó negativamente en sus resultados (como él mismo reconoció en varias ocasiones). A pesar de tantas dificultades, siguió jugando grandes partidas, dejándonos un amplio legado de creatividad que sólo finalizó con su fallecimiento.

En 1965 volvió a estar muy cerca de poder jugar la final del campeonato del mundo. Realizó un buen Interzonal y logró alcanzar la final del torneo de candidatos tras eliminar a Portisch y a Larsen. Allí se encontró con Spassky, que se encontraba en el mejor momento de su carrera y resultó un escollo infranqueable; el resultado final fue de 7-4, con 3 victorias de Spassky en las últimas partidas. En 1968 consiguió acceder de nuevo al ciclo de candidatos y pudo llegar hasta las semifinales, pero en esta ocasión fue derrotado por Viktor Korchnoi. En 1979, cuando su nombre no aparecía en ningún pronóstico, obtuvo el triunfo en el Interzonal de Leningrado, pero tampoco logró ascender en el torneo de candidatos al ser eliminado en cuartos de final por Lev Polugaevsky. Su último intento de recuperar la corona mundial (24 años después) data del año 1985, tras jugar a un gran nivel en el Interzonal, se clasificó para el torneo de candidatos de Montpellier. La FIDE había decidido volver a la modalidad de torneo ‘todos contra todos’ y Tahl volvió a realizar una nueva gesta al finalizar en 4º lugar a sólo medio punto del vencedor. Sin duda un largo camino, siempre sobrevolando la cima y rindiendo al máximo nivel durante más de 3 décadas.

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La mayoría de maestros limitaban sus apariciones a unos pocos torneos al año, trabajando duro en un buen repertorio de aperturas, junto a sus preparadores y en el calor de sus hogares. Tahl hacía justo lo contrario: prefería cimentar su preparación jugando el mayor número de partidas posible (con un mínimo de100 al año), por lo que acudía a numerosos torneos en cualquier rincón del planeta. Analizando fríamente su trayectoria, se puede concluir que estuvo marcada por la irregularidad, que a su vez estuvo condicionada por sus constantes problemas de salud. Tuvo años donde ganaba torneos importantes y nadie conseguía vencerle (como 1973 ó 1974), y años donde iba de hospital en hospital, sin conseguir apenas algún resultado positivo. Resulta complicado poder juzgar sus resultados, ya que, por desgracia, factores externos lastraron su rendimiento con frecuencia.

Los ataques renales que sufría resultaban tan problemáticos porque eran aleatorios y no se podían prevenir, apareciendo en cualquier momento, muchas veces en plena competición. Tras uno se esos ataques su estado físico se deterioraba y su juego empeoraba a la misma velocidad que su salud, episodio que solía terminar en el hospital. A pesar de tanto sufrimiento, Tahl nunca se desanimó y siguió participando en un gran número de torneos.

En 1969 los médicos optaron por extirparle el riñón enfermo, algo que Mikhail debió de permitir años atrás. En esos días surgió el rumor de que Tahl no había podido superar la operación y había fallecido. Incluso en la prensa de Yugoslavia, país donde era muy querido, apareció su esquela, para desolación de la comunidad ajedrecista. Pero nada más lejos de la realidad, un mes después de la operación Tahl volvió a la competición en el torneo de Tbilisi ganando el primer premio. En este torneo Tahl realizó un maravilloso sacrificio de dama en su partida con Suetin que le condujo a una rápida victoria, al levantarse de la mesa comentó con su habitual humor: “No está nada mal para un difunto…”. Disfruten de esa combinación, una de las bellas de la historia, realizada desde ‘el más allá’: (Tahl – Suetin).

El Mago del ajedrez

Pero Tahl no es recordado por sus buenos resultados, ni siquiera por ser campeón del mundo, lo que ha dejado un recuerdo imborrable en el aficionado al ajedrez es su estilo creativo y sus partidas llenas de golpes tácticos. Si en sus partidas no había dificultades, las buscaba con sorprendentes sacrificios que revolvían todas las piezas por el tablero, era entonces cuando se encontraba cómodo, mientras a su rival le iba invadiendo el pánico. Él mismo definió su concepción del juego de forma curiosa: “Debes llevar a tu oponente hacia un profundo y oscuro bosque donde 2+2 sean 5 y el camino que conduzca a la salida sea lo suficientemente estrecho para que solamente pueda pasar uno”.

En los torneos mostró su preferencia por agradar al público, buscando catapultar al ajedrez a la categoría de arte a través de sus jugadas. Tahl disfrutaba cuando la sala de juego estaba abarrotada y no le molestaba el barullo de los espectadores celebrando las jugadas. Otros jugadores, como Bobby Fischer, no consentían el menor ruido en la sala y pedían el desalojo cuando se sentían molestados.

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Como buen jugador de ataque, despreciaba la teoría de aperturas, aunque sabía que si quería optar a los primeros puestos debía prepararse de forma sólida, aunque lo hiciese a disgusto: “La apertura es un programa obligatorio que debo desarrollar a la fuerza”.

En sus sacrificios de pieza había algo de psicología y una gran profundidad de cálculo de variantes, como el mismo solía reconocer con orgullo: “¡Yo también pertenezco al ‘sindicato de calculadores’!”. Su biógrafo, Y. Damsky, definió de una forma maravillosa su estilo de juego: “cuando Tahl consigue ser Tahl, en el tablero se desencadenaban ciclones y huracanes”. La fantasía estaba presente en cada partida que disputaba y esto le ha permitido perdurar en el tiempo, aprovechando un privilegio reservado a todo ajedrecista: ser recordado por las generaciones futuras a través de sus partidas.

Pero Tahl también tuvo muchos críticos que argumentaban que sus sacrificios eran meros golpes de efecto, opinando que esa no era una forma sensata de jugar al ajedrez. Sus entrenadores trataban de frenarle antes de los torneos, tal vez velando por la salud de sus corazones, pidiéndole que jugase de forma más reposada. Pero cuando Mikhail se sentaba ante el tablero siempre elegía la variante más arriesgada, atraído irrefrenablemente por explorar los caminos más complicados. Gracias a este estilo, sus partidas obtuvieron premios de belleza en múltiples torneos. Podéis consultar una selección de sus partidas en: (Tahl combinando).

Tahl también tenía su maldición particular: casi siempre perdía en la primera ronda de los torneos. Aunque era algo a lo que no daba demasiada importancia e incluso se tomaba con humor. Otro dato curioso es que jugaba peor por las mañanas que por las tardes, esto era debido a que le costaba un gran esfuerzo despertarse y su cerebro tardaba mucho en empezar a funcionar… algo fatal si estás jugando al ajedrez.

Incluso tuvo su propia bestia negra: el jugador soviético Rashid Nezmetdinov, que le derrotó en casi todos sus enfrentamientos. Nezhmetdinov era un gran jugador de ataque y tal vez por eso a Tahl se le atragantó partida tras partida. Un artista rivalizando con otro artista… ya se sabe, en casa del herrero, cuchillo de palo.

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Tahl no sólo triunfó dentro del tablero, fuera de él mantuvo excelentes relaciones con sus rivales, siempre gracias a su eterno buen humor y amabilidad. Es extraño encontrar a un campeón del mundo con un carácter similar, generalmente cuando se llega a la cumbre el jugador tiende a aislarse del resto de sus semejantes y rodearse de un halo de superioridad. A lo largo de su carrera protagonizó multitud de anécdotas, muchas de ellas con un fino humor irónico como protagonista, aunque la que vamos a tratar a continuación muestra su lado más humano: durante una partida, Tahl se dio cuenta de que el reloj de su rival estaba estropeado, algo en lo que nadie más había reparado. Pasado un rato a su contrincante se le acabó el tiempo debido a la avería del reloj, Tahl hizo caso omiso y siguió jugando sin reclamar la victoria por caída de bandera… cuando se disfruta jugando, lo demás no importa.

En 1992 aun se mantenía en activo e incluso iba a participar en la Olimpiada de Manila representando a Letonia (que había obtenido su independencia sólo un año antes), pero tuvo que ser ingresado de urgencia para ser sometido a una nueva operación quirúrgica. No llegó a participar en la Olimpiada. Tras ir empeorando progresivamente, no superó el postoperatorio y falleció el 28 de Junio. La noticia conmocionó al mundo del ajedrez y propagó la tristeza entre los aficionados, que no daban crédito a la desaparición del jugador más mágico que había pasado por un tablero de ajedrez.

La aportación de Tahl al mundo del ajedrez no se limitó a sus partidas: escribía artículos para revistas de ajedrez y periódicos, fue comentarista para televisión y radio en muchos torneos y escribió varios libros (muy recomendables son su autobiografía “Al ataque” y “Práctica de ajedrez magistral”, en el que cuenta sus vivencias durante el match que le enfrentó a Botvinnik en 1960).


Mikhail nos dejó records increíbles a lo largo de su dilatada carrera, algunos de ellos difíciles de batir:

  • En las Olimpiadas tuvo unos números insuperables: 59 victorias, 32 tablas y sólo 2 derrotas, lo que da el mejor porcentaje de puntos logrados por un jugador en esta competición a lo largo de la historia. Tuvo un promedio del 81’2 %, en esta clasificación le siguen otros dos grandes jugadores: Anatoly Karpov 80’1 % y Tigran Petrosian 79’8 %.
  • Logró encadenar 93 partidas seguidas sin perder, desde Octubre de 1973 hasta Octubre de 1974.
  • Es el jugador que más victorias logró en el Campeonato de la Unión Soviética, empatado con Botvinnik, aunque es un dato difícil de comprobar. Dicho campeonato puede ser considerado como el torneo más fuerte que se ha disputado en el mundo del ajedrez, ya que el número de grandes jugadores soviéticos no conocía límites.
  • En 1988 ganó el primer Campeonato del Mundo de ajedrez blitz. Este dato no puede causar sorpresa, Tahl era un gran aficionado al ajedrez relámpago y lo jugaba a diario, siempre después de cada sesión de entrenamiento y en ocasiones hasta altas horas de la madrugada. En esta modalidad no conoció rival, incluso jugaba partidas amistosas contra otros maestros en las que comenzaba con menos tiempo en su reloj, siendo derrotado en escasas ocasiones. Su rapidez de pensamiento era asombrosa, capaz de descubrir las jugadas más complicadas con un simple golpe de vista, lo que hizo que en toda su carrera sólo viera caer la bandera de su reloj en una ocasión. En el campeonato participaron Karpov y Kasparov, pero nada pudieron hacer ante la rapidez del Mago de Riga.

En 1995 en la ciudad de Riga se disputó un torneo en su memoria, al que acudieron los mejores jugadores del momento para rendir un justo homenaje al ex-campeón del mundo. El torneo fue ganado por Kasparov. Podéis ver los resultados completos de este torneo en: (Riga 1995). Desde el año 2006 se organiza otro torneo en su menoría en Moscú, en el que siempre se busca que acudan los mejores del mundo. Éste no parece un modo demasiado lógico de rendir homenaje a la creatividad de Tahl, ya que los organizadores dan prioridad al Elo de los jugadores y no a su estilo de juego, invitando a jugadores posicionales. Tal vez sería más lógico invitar a jugadores tácticos contrastados y buscar un juego más acorde al carácter del homenajeado. Éste es el lustroso palmarés de dicho torneo: Memorial Tahl.

Las estadísticas de Tahl son: 1263 victorias, 1321 tablas y 331 derrotas; con un promedio de 65’3 % (el promedio se saca de sumar victorias y tablas, y dividirlo por las partidas totales).

A continuación algunas de sus mejores partidas:





Fuente: AjedrezDeAtaque, Wikipedia, Google Imágenes


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