Un genio contra un sabio | Por Leoxtho García

El revolucionario Magnus Carlsen defiende el título en Nueva York ante el durísimo Serguéi Kariakin

Las edades de ambos sólo suman 51 años, algo nunca visto en la final de un Campeonato del Mundo. Son los frutos más brillantes de la influencia de las computadoras en el ajedrez. Pero Magnus Carlsen (25) las usa para huir de lo conocido, y Serguéi Kariakin (26) para memorizar cuanto pueda. Se enfrentan desde hoy al mejor de doce partidas en el Fulton Market de Nueva York con 1,1 millones de euros en premios. El noruego ha sido superior hasta ahora, pero su rival cuenta con el máximo apoyo del presidente Vladímir Putin, cuyo objetivo es recuperar el dominio ruso en el deporte mental.

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“¿Por qué no?”, es la contundente respuesta de Kariakin cuando se le pregunta si realmente se ve capaz de tumbar al único capaz de batir la marca más difícil de Gari Kaspárov: ser el número uno 20 años consecutivos. Nadie duda de que el ruso, nacido en Ucrania, está armado hasta los dientes tras meses de preparación minuciosa con un equipo de ayudantes de lujo, dirigidos por el ex entrenador de Kaspárov, Yuri Dojoián. La sabiduría técnica de Kariakin es enorme a pesar de su juventud: nadie ha logrado aún ser gran maestro más joven que él (a los 12 años y 7 meses). Además, ha demostrado muchas veces que su dureza psicológica, su frialdad y su consistencia son tremendas. Y sabe que si pierde el duelo nadie, ni siquiera en Rusia, lo va a considerar como un gran fracaso imprevisto, dada la enorme talla del campeón.

Dicho de otro modo, si Carlsen no rinde a su máximo nivel, o pierde uno de los primeros asaltos, el combate puede ser épico y muy emocionante. Pero si el escandinavo exhibe ese talento descomunal que le sitúa un peldaño por encima de Kariakin por muy portentoso que éste sea, el campeón del mundo tendrá muchas probabilidades de seguir siéndolo dos años más.

El principal problema del aspirante es que su estilo natural -muy posicional, poco dado a la violencia- no es el más apropiado para que Carlsen sienta miedo. Alguien con tendencia a lanzarse a la yugular en cualquier momento, como el ítalo-estadounidense Fabiano Caruana, 2º del mundo, podría desestabilizar a Carlsen. Si Kariakin, 9º del escalafón pero ganador del Torneo de Candidatos en marzo, arriesga mucho se encontrará incómodo, fuera de su sitio.

El duelo se celebrará en una de las zonas más boyantes de Manhattan, el South Seaport, cerca de Wall Street y del puente de Brooklyn. Será una gran oportunidad para promover el ajedrez masivamente en EEUU tras la medalla de oro que la selección nacional ganó en la Olimpiada de Ajedrez de Bakú (Azerbaiyán) hace dos meses. Además, la empresa Agon, a quien la Federación Internacional (FIDE) concedió los derechos del Mundial por un euro, está haciendo un gran esfuerzo para que el ajedrez tenga por fin la imagen, mercadotecnia y difusión que debería tener por su universalidad y gran valor educativo: retransmisiones en directo muy cuidadas, cámaras de realidad virtual y vistas panomáricas, actos de presentación con famosos, entradas VIP a 3.000 dólares (la normal vale 75) e interesantes actividades paralelas.

Pero todo ello está lastrado por la triste y vergonzante realidad de la FIDE. Su presidente, el millonario ruso Kirsán Iliumyínov, sabe que si intenta entrar en EEUU corre el peligro de ser rechazado o encarcelado, porque está incluido en la lista de personas proscritas por su colaboración con el Gobierno de Siria. El duelo no tiene un solo patrocinador estadounidense; los dos más importantes son la empresa rusa de fertilizantes Phosagro, cuyo propietario es muy cercano a Putin, y la internacional EG Capital, cuyo mercado es sobre todo ruso. El Kremlin busca un éxito de gran impacto mediático en el corazón financiero de Manhattan.

Fuente: Deportes.ElPais.com


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