Carlsen está ya harto de golpear el muro de Kariakin | Por Leontxo García

El campeón muestra los primeros síntomas de zozobra tras otro empate de gran calidad en cinco horas

El guión estratégico de Serguéi Kariakin se está cumpliendo a su plena satisfacción: un nuevo empate, el quinto, tras más de cinco horas de lucha muy dura, provocó los primeros gestos de hosquedad del campeón, Magnus Carlsen, incapaz de disimular su irritación en la conferencia de prensa, con el marcador igualado a 2,5 puntos en el Fulton Market de Nueva York. El aspirante tendrá la iniciativa de las blancas en las dos partidas siguientes, el viernes y el domingo.

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El guardaespaldas noruego de Carlsen, Björn Gunnar Nesse, eligió esta vez un peculiar saludo al cruzarse con el periodista, a quien conoce desde hace años, en la puerta del Fulton Market Buiding (extremo sur de Manhattan): ¡1.e4!, gritó en inglés, en referencia a la primera jugada, que su protegido y amigo acababa de hacer. Todo un mensaje implícito en clave, sin romper el secreto profesional inherente a su trabajo: Magnus viene hoy a por todas, dispuesto otra vez a presionar hasta la extenuación, a pesar de las 13,5 horas de lucha que sumaron las partidas 3ª y 4ª; por eso ha jugado e4, como en la 3ª, y no d4, como en la 1ª, que fue más de tanteo.

Fiel a su estilo, el campeón se desvió de inmediato (en la 3ª jugada) del camino más previsible por su rival: en lugar de la Apertura Española que empleó el lunes, y que debe su nombre al clérigo español Ruy López de Segura, eligió la Italiana, también del siglo XVI, cuando Felipe II patrocinaba algo parecido a un Campeonato del Mundo oficioso entre López y los mejores italianos, que llamaban Giuoco Pianissimo (juego muy lento) a esa manera de empezar el combate mental. O sea más de lo mismo: Carlsen, dispuesto a estrujar las meninges de su rival y las suyas propias durante las horas que sea menester en porfía de quebrar por fin las trincheras rusas.

 Pero la estrategia de Kariakin, al menos para la primera mitad del duelo- consiste precisamente en reforzar esas trincheras con el objetivo de que Carlsen pierda la paciencia, cometa algún error de precipitación y permita un contraataque letal. Eso es lo que buscaba el ruso con su jugada 17, que el campeón tuviera que elegir entre una pequeña ventaja en posición poco prometedora o liarse la manta para meterse en otra equilibrada y poco clara. Como de costumbre, eligió lo segundo, y una decisión muy discutible del ruso poco después, en el vigésimo lance, otorgó cierta ventaja al escandinavo.
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Y así se llegó a una situación similar a la del martes: la mayoría de peones en un flanco de Carlsen era móvil, y la de Kariakin en el opuesto, estática. El campeón ya estaba otra vez en el escenario propicio para torturar al aspirante con tanta parsimonia como tenacidad.

Pero fracasó con claridad, porque de inmediato, una jugada después de pasar el control de la 40, el noruego cometió una imprecisión, y esta vez fue el ruso quien reaccionó como un tiburón que huele la sangre, transformando de pronto su escudo en un bumerán con los bordes muy afilados. El contragolpe de Kariakin provocó la alerta roja en el cerebro de Carlsen, obligado a ahora jugar también muy activamente para no perder. Y así se firmó el empate tras poco más de cinco horas; sin ese error del escandinavo, podría haber durado siete.

Kariakin fue contundente: “Por fin he logrado una posición con clara ventaja, que ha obligado a Magnus a encontrar un golpe salvador muy bueno. Estoy contento”. Por el contrario, Carlsen se mostró hosco, cínico y malhumorado, y ni siquiera cambió su semblante cuando la moderadora de la conferencia de prensa, Nastia Kárlovich, dio a un niño la oportunidad de hacer una pregunta. La cara del campeón era la misma que mostró en Bilbao en julio, ese día en el que arrojó su chaqueta al suelo ante varios espectadores con enorme rabia porque no había logrado ganar una posición favorable. El aspirante ya ha logrado su primer objetivo: que el campeón pierda el equilibrio psicológico y la confianza en sí mismo, aunque sea durante unas horas: “He metido la pata y luego he tenido suerte; por poco pierdo”, fue la frase más completa de las pocas que Carlsen acertó a decir.

Fuente: ElPais


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